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Armando el rompecabezas en Colombia

Posted by Greg Benchwick Tuesday, July 13, 2010


Conversatorio Internacional “La Mujer Rural: Derechos, desafíos y perspectivas”

By Maija Peltola
“Sueños, derechos, territorios, cultura, identidad, violencia, resistencia, políticas públicas, desplazamientos forzados, organización, capacitación, emprendimientos, indígenas, afrodescendientes, mestizas, futuro…” Éstas fueron algunas palabras que las y los participantes del Conversatorio Internacional “La Mujer Rural: Derechos, desafíos y perspectivas” saborearon y sazonaron durante tres días (7 al 9 de julio), en Bogotá, Colombia. El frío y la lluvia de la ciudad no apaciguaron el calor humano de nuestros anfitriones colombianos, y tampoco entibiaron los debates en los cuales pa
rticiparon y opinaron más de sesenta mujeres y hombres, provenientes de todos los rincones de Latinoamérica.

El conversatorio fue coorganizado por el FIDA, la Coalición Internacional por el Acceso a la Tierra (Internacional Land Coalition) y la fundación colombiana CINEP (Centro de Investigación y Educación Popular – Programa por la Paz), con los objetivos de:


  1. Enriquecer el conocimiento sobre los procesos de emancipación desde la pobreza y la marginación de las mujeres que viven en las áreas rurales de Latinoamérica y el Caribe.

  2. Elaborar un inventario de instrumentos políticos y técnicos, y de experiencias para apoyar a las mujeres a erradicar las discriminaciones y ejercer sus derechos civiles, económicos, sociales y culturales.

Para el FIDA, el conversatorio ofreció, además, una oportunidad de recoger recomendaciones concretas, formuladas por las mismas mujeres productoras, sobre cómo fortalecer el rol de las mujeres en nuestros proyectos y, en particular, cómo trabajar hacia el acceso equitativo de mujeres y hombres a la tierra.

La participación de mujeres y hombres de Centroamérica, la región andina, el Caribe y el Conosur garantizó que las experiencias compartidas fueran distintas – más quizá no tan distantes – entre sí. Aprendimos cómo, en Argentina, Patricia Rojas van der Bruyn de GAJAT (Grupo de Apoyo Jurídico por el Acceso a la Tierra), capacita y presta apoyo legal a organizacio
nes indígenas que luchan por hacer valer sus derechos a las tierras ancestrales.

En el otro extremo del continente sudamericano, Dorina Hernández, de la comunidad de San Basilio de Palenque, disfruta de la seguridad y oportunidad de sobresalir que le proporciona su “cuadro”, el grupo que se nutre de la cultura e identidad afrocolombianas. Estos cuadros se forman espontáneamente, pero cobran cuotas y se reúnen de manera periódica. Al momento de una emergencia como enfermedad o muerte, los cuadros ofrecen apoyo a sus miembros, cubriendo gastos de medicina y servicios fúnebres, entre otros.

En el Perú, Olga Zapana Alania participa en las actividades del pro
yecto Sierra Sur (cofinanciado por el FIDA) y se ha convertido en promotora de grupos de mujeres ahorristas. “Al principio nuestros esposos no querían que ahorráramos, ‘les van a robar’ nos decían, pero ahora ya no”, nos contaba. Ahora las mujeres indígenas de los altos cuentan con seguros de vida y exportan sus productos textiles hasta Canadá y Japón.

Y en Nicaragua, Lea Montes de la organización NITLAPAN promueve un fondo de tierras que ha permitido a mujeres rurales pobres – presionadas, por un lado por los flujos emigratorios y, por el otro, el acaparamiento de terrenos por grandes empresarios – adquirir terrenos fértiles para cultivar.

Y, entre toda esta maraña de experiencias, operamos las organizaciones, redes e instituciones de financiamiento como el FIDA, buscando cambiar el curso de la historia y el rumbo del mundo rural. Como si fueran piezas de rompecabezas vamos, comprometidos con los derechos de las mujeres rurales en el mundo, juntando las palabras, los desafíos – y los sueños.

Cuando pequeños, solíamos juntarnos con nuestros hermanos, primos, amiguitos y vecinos, para armar un rompecabezas que a veces nos abrumaba por su complejidad y cantidad de piezas. A veces teníamos como apoyo una imagen que nos ayudaba a visualizar cómo tenía que ser. Otras veces nos dejábamos guiar por la intuición. Aún me acuerdo lo feliz que nos sentíamos cuando por fin lográbamos descifrar el caos y encontrar un lugar perfecto para cada pieza. Pero más allá de la satisfacción al terminar una tarea difícil, lo que más atesoraba era el compartir: charlar, pelearnos y reírnos juntos.

Al igual que hace muchos años, en este conversatorio volví a sentir lo mismo: el privilegio de compartir un fin común, y la oportunidad de estar trabajando juntos hacia esa meta. Y así vamos todos armando el gran rompecabezas de los sueños, pieza por pieza, equivocándonos sobre la marcha, debatiendo ideas, cambiando estrategias, buscando soluciones... Para que algún día todas las mujeres y hombres rurales en el mundo puedan revertir la rueda de la pobreza.



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