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por Lucía Valverde (MIES-IEPS Corredor Central, Ecuador)

En Costa Rica son las 6 de la mañana, éste el segundo día de conversatorio y un bus nos espera para llevarnos a conocer el lugar de los hechos: los campos que las actoras habían descrito el día anterior y donde no sélo han generado procesos productivos o han trabajado en cadenas de valor, pues han desarrollado sus vidas…..

Después de un sorteo rápido, estaré en el grupo que irá a visitar la finca orgánica de Hannia Villalobos. Hannia es una mujer muy extrovertida con un alto sentido del humor  y con un compromiso por lo que está haciendo, ello de pronto le dio la sociología -carrera que estudió -, pero sin duda eso también le dio su preciada tierra, su finca, sus semillas, sus animales…

Mientras nos movilizamos hacia allá, Hannia hizo de guía turística mostrándonos los lugares importantes de su país; ello me reveló que nuestra querida campesina-socióloga tuvo que hacerse multidiscliplinaria. Pues reconoce que no sabe muchas cosas que desde su actividad debería saberlo, pero también es muy enfática cuando habla de que las mujeres tienen siempre que preparase y estar en el ultimo grito de la moda en cuanto a procesos productivos, en aquellas palabras técnicas, pues, como bien dice ella “si no se aprende eso, estamos jodidas”, porque aprender las cosas técnicamente le genera mayor valor agregado a lo que se produce,  y entonces se posee capacidad para informarle al consumidor los valores nutricionales, las propiedades y características de lo que va a comer.

Mientras dura la visita, veo que la broma de los anteojos indispensables más que su esposo se va desvaneciendo, Rodolfo, un economista que dejó su empleo en el banco y se lanzó al campo, ha sido el compañero de su vida.

Rodolfo es quien le pone los números, los cálculos y los costos a la finca orgánica de la familia, esa es buena combinación; sociología, economía y naturaleza juntas permiten comprender que lo importante en la finca no es el dinero, pues cuando se ha hecho las cosas bien y se vende buenas kales, chuchuas, culantros, remolachas, espinacas, tomates, cebollas etc.  y se trabaja la tierra con el amor que lo hacen, el dinero para vivir simplemente es consecuencia de lo que se trabaja.

La finca de Hannia y Rodolfo forma parte de APROZONOC, una organización que está trabajando hortalizas con producción orgánica, su finca está certificada y es un oasis de vida en Tierra Blanca de Cartago, en medio de plantaciones de cebolla que se cultiva con agroquímicos.

Una vez que se cosecha, se venden los productos en la feria del agricultor en San José los días viernes. Tienen clientes desde hace muchos años, y la calidad de sus productos  ha desembocado en que más que clientes se han hechos sus amigos. Un arquitecto consumidor les diseñó su casa, el gerente de la Nissan también consumidor les ayudó para que a través de un crédito conveniente, puedan tener un carro nuevo. Son amigos de muchos años los conocen tanto que la producción que se pone a  la venta suele durar tres horas en la feria.

Hannia siempre está pensando en que uno de los factores del éxito son las articulaciones institucionales, pues así se puede aprovechar mejor los recursos y evitar la duplicación de esfuerzos, también señala que hay que formar y consolidar redes; redes de producción pero también de ayuda mutua,  desde la cuales se intercambie desde opiniones hasta semillas, pues eso en realidad es pensar desde la solidaridad.

Al final, luego de verla en acción  y envidiar de alguna forma su manera de exponer sus productos, regala las semillas con las cuales ha podido formar un banco, ésa es su pasión porque genera soberanía y seguridad alimentarias y permite el intercambio de producción con las demás asociadas.


La visita de campo no sólo demostró la finca orgánica, los productos y la deliciosa comida que nos ofrecieron; además de respirar la naturaleza, de admirar el verdor de su terreno, la tecnología orgánica de su abonos, se notó el amor que Hannia y Rodolfo sienten el uno por el otro, y entonces pensé que todo lo que está hecho con amor tiene éxito. Esas son las mujeres rurales que le encuentran sentido a su vida y con la cual da gusto compartir toda clase de opiniones, esas mujeres rurales son las que tienen la película clara de cómo entenderse en la territorialidad de su espacio. Pero además cuentan con la capacidad de ponerse en el espacio de los demás, y eso es pensar desde el largo debate del verdadero discurso del género, ellas lo resuelven fácil, porque lo viven, pero están concientes de que hay que seguir trabajando por aquellas mujeres que aun siendo dueñas de su terreno, no pueden disfrutar de su tierra, su familia y su mundo.

Concluyo finalmente que la analogía de Hannia es muy sabia: anteojos y esposo son lo que ella ha definido como bueno para su vida.

Lucía Valverde
MIES-IEPS, PDCC (650-EC)
Ecuador

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