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Sobre pobreza e inversiones

Posted by Roxanna Samii Monday, August 19, 2013

por Kevin Cleaver
(Vicepresidente Asociado de Programas del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA)

En los últimos 20 años, en el contexto del desarrollo rural en las zonas pobres de los Andes peruanos, se han hecho evidentes las ventajas de los programas a escala en lo que se refiere al aumento del crecimiento agrícola y a la lucha contra la pobreza. A raíz del crecimiento constante del sector agrícola, a una tasa de aproximadamente 4,4 por ciento por año entre 1990 y el 2000, el Perú se considera ahora como un país con “buenos rendimientos agrícolas”. Esta experiencia demuestra que el éxito en cuanto al crecimiento agrícola incluyente depende de dos elementos fundamentales: el compromiso gubernamental de operar a gran escala y el compromiso de los donantes en apoyar al gobierno a largo plazo.

El Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) ha invertido en programas agrícolas gubernamentales desde los años 1980, hasta un total de US$ 144 millones. El FIDA empezó con pequeños programas innovadores tales como el aporte de líneas de crédito, mejoras a la tecnología y nuevos acercamientos a las comunidades aisladas. También  fomentó concursos como una forma de involucrar a los pueblos indígenas en el diseño y en la gestión de sus propios programas de desarrollo rural: una táctica muy exitosa ya que movilizó el talento local y fomentó la confianza.

Existen hoy tres proyectos apoyados por el FIDA en las regiones norte, centro y sur de los Andes peruanos. Una revisión institucional del FIDA, realizada por el Brookings Institution en 2011, indica que el programa de desarrollo de las tierras altoandinas del Perú representa un ejemplo de ampliación de escala eficaz.

En la mayoría de los países de bajos ingresos, la agricultura sigue siendo el sector económico más importante que emplea la mayoría de los trabajadores. En condiciones adecuadas, un aumento sostenido en la productividad agraria incrementa igualmente los ingresos de los pobres al mismo tiempo que fortalece el suministro de alimentos a nivel nacional.

Según el Banco Mundial, la agricultura es al menos tres veces más eficaz en aumentar los ingresos de los pobres que las inversiones no agrícolas. Este fenómeno no es nuevo. El crecimiento agrícola respaldó el desarrollo temprano en Europa occidental,  Japón y Estados Unidos, y posteriormente en la China y en la República de Corea.

Aunque existen amplias pruebas para demostrar que mayores programas de gasto público en la agricultura, junto con mayores asignaciones de ayuda, estimulan el crecimiento agrícola, existen también otros elementos claves: buenas políticas, buena gobernanza, un potencial agrícola satisfactorio y una infraestructura funcional. Cualquier vacío en estas áreas, o conflicto civil prolongado, puede contrarrestar el impacto de los grandes proyectos y presupuestos.

El primer paso es mejorar el acceso de los agricultores y de la agroindustria a los mercados. Además, es importante crear lo que se conoce como un ‘entorno propicio’ para la inversión privada en la agricultura, la comercialización, el suministro de insumos agrícolas y la agroindustria. La atención gubernamental e internacional es también crítica. Por otro lado, los agricultores a pequeña escala tienen necesidades específicas de información e  infraestructura, y estas juegan un papel importante en la reducción de la pobreza.

Aproximadamente 2 mil millones de personas en el mundo dependen de los agricultores a pequeña escala para su subsistencia.

La ampliación de los programas de desarrollo agrícola con el fin de aumentar su impacto es “misión crítica” para el FIDA. Mientras los gobiernos nacionales desempeñan una función primordial en la ampliación de escala, los donantes pueden ayudar o perjudicar en esta agenda. La enorme cantidad de donantes y de proyectos puede ser un problema en sí.

La información sobre la ayuda  en el año 2010 del Brookings Institution indica que existen 924.000 proyectos relacionados con 322 organismos donantes. Esta fragmentación de la intervención y la inversión, muchas veces en entornos de políticas débiles, conducen a resultados deficientes en cuanto al número de personas que se salen de la pobreza o al aumento sostenible en la productividad agraria.

Una estrategia eficaz para el desarrollo agrícola consiste en ampliar los proyectos que han tenido éxito. La experiencia peruana es un excelente ejemplo. Los donantes pueden ayudar mediante el cofinanciamiento de las intervenciones ampliadas que apoyan los programas nacionales. Solo al operar a escala se puede tener el nivel de impacto que logrará sacar a millones de personas de la pobreza y revitalizar las áreas rurales.

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