Juventud rural, innovación y tradición: el desafío de un nuevo orden

Este año 2020 no tiene precedentes. Desde que nuestra vida está dominada en todo el mundo por la pandemia de COVID-19, hemos escuchado una y otra vez hablar la importancia de crear un nuevo orden mundial para organizar la sociedad de otra manera después de esta crisis. De aprovechar el paréntesis que hemos tenido que dar a nuestra economía para reinventarnos.

Este no ha sido un periodo de reflexión no ha sido para todos. En medio de la crisis sanitaria, dos sectores de actividad han seguido funcionando sin parar: los servicios de salud y el sector de la agricultura y la alimentación. Porque salud y alimentación son pilares indispensables de nuestra supervivencia.

Aunque el sector agrícola no haya tenido la posibilidad de una tregua reflexiva, su reinvención es hoy indispensable. Y, de hecho, esa reinvención ya está comenzando a producirse. En ella juegan un papel fundamental los jóvenes. Unos jóvenes que tienen muy claro que hay que repensar el campo para poder permanecer en él. Repensarlo desde un sentimiento de arraigo en los conocimientos tradicionales y de apertura a las innovaciones tecnológicas que permiten adaptarse a las nuevas realidades.

El Premio a la Innovación Juvenil Rural en América Latina y el Caribe

En enero de 2020, el FIDA lanzó el Premio a la Innovación Juvenil Rural en América Latina y el Caribe en busca de esta juventud talentosa y motivada por su empeño en salir adelante y en hacerlo en el lugar en donde han nacido y elegido vivir: el campo.

La respuesta ha sido masiva: alrededor de 600 iniciativas fueron enviadas por jóvenes de 18 países de la región. Estos proyectos –realidades ya, de hecho, en muchos casos– nos han confirmado que la juventud tiene una verdadera visión de su futuro. Toda esta oleada de entusiasmo y compromiso merece nuestra atención. Es por eso que queremos compartir con ustedes algunas de las historias de los galardonados.

La innovación, conjugada con la revalorización y preservación de los espacios rurales, pero también de la cultura y de los conocimientos tradicionales, es el primer elemento que resalta cuando observamos las propuestas que los jóvenes de América Latina y del Caribe remitieron al Premio a la Innovación Juvenil Rural.

En Brasil, por ejemplo, la iniciativa Pé na terra (Pies en la tierra) se enfoca actualmente a la recolección de semillas para contribuir a la conservación de la biodiversidad local. En Colombia, otro grupo de jóvenes llamado Sembrando vida enfoca sus esfuerzos hacia la recuperación de especies nativas mediante campañas de reforestación, que adicionalmente garantizarán el acceso al agua de sus comunidades.

Acción climática – Sembrando Vida (Colombia) @premiorural

En Guatemala, los responsables de Flor de tierra están inventando estrategias de restauración de suelos degradados, resaltando la importancia de una agricultura sin agroquímicos. Porque el riesgo no está solamente en el plato del consumidor sino también en las manos del agricultor. Con el mismo concepto de entrega de productos de calidad, la iniciativa Raíz Capixaba está utilizando nuevas tecnologías para mapear digitalmente su producción y canalizarla a los mercados locales. Esta herramienta de agro-tecnología proporciona un triple beneficio: planificación de la producción en relación a la demanda local, menor desperdicio y mayor visibilidad. 

Intercambio de conocimientos

Destaca también, entre las iniciativas innovadoras de los jóvenes de la región, una voluntad de intercambio de conocimientos, como es el caso de la iniciativa Fortalecimento e consolidação de grupos de coletores de sementes do Cerrado (Fortalecimiento y consolidación de recolectores de semillas del Cerrado), mediante talleres organizados por los mismos agricultores, o bien con estudiantes y científicos invitados a publicar acerca de sus productos.

Es decir, a lo que se aspira en muchas ocasiones es a crear una identidad que se pueda valorizar, tal como lo hace la iniciativa mexicana Una mano para Oaxaca, porque para permanecer en el campo se necesita promover el arraigo cultural, comunitario y territorial. Y porque para no migrar, los jóvenes rurales necesitan hoy que se reactive su economía.

En este sentido, el acceso a una educación financiera en las zonas rurales, haciendo énfasis en las cuestiones prácticas y en la potenciación de emprendimientos rurales, está cobrando fuerzas en Colombia con la iniciativa Libertat. Del mismo modo, redes colaborativas de turismo en asociación con familias indígenas en Brasil como Gralha Azul (Urraca Azul), están generando ingresos, preservando al mismo tiempo sus espacios y comprometiendo a habitantes y turistas con la conservación de la biodiversidad local.

Inclusión financiera – Libertat (Colombia) @premiorural

El Premio y los ODS 

Las iniciativas recibidas están alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. En Perú, la iniciativa Agrowayu está usando frutas y cultivos locales, como la chía o la quinua, para promover gelatinas saludables en las escuelas rurales. De esta forma, contribuyen a la buena alimentación de los niños de las comunidades, en su mayoría indígenas, y al empoderamiento de las mujeres que preparan los alimentos.

Inclusión grupos vulnerables – Agrowayu (Perú) @premiorural

Abordando la cuestión los residuos alimentarios, la iniciativa mexicana Hexa Biotech propone un manejo integral de los desperdicios orgánicos, transformándolos a través de la incubación de insectos en fertilizantes o alimentos para animales. Todo ello permite la reutilización de los insumos al mismo tiempo que reduce las emisiones de gases de efecto invernadero. 

Experiencia e innovación en materia de inclusión financiera, generación de ingresos, conservación, comunicación y tecnología, educación, acción climática, seguridad alimentaria y sostenibilidad, con inclusión de grupos vulnerables, son claves de una juventud emprendedora que busca hoy ser protagonistas de una transformación rural inclusiva y sostenible.

El objetivo del premio siempre ha sido dar visibilidad a estas iniciativas que a menudo pasan desapercibidas y que, sin embargo, son ejemplos de buenas prácticas que están dando resultados. Ahora que conocemos a los ganadores, ese objetivo se refuerza todavía más, pues aspiramos a que sirvan de ejemplo y sean replicadas en una región que tiene en la lucha contra la pobreza, y en especial la pobreza rural, uno de sus mayores desafíos.

Un desafío todavía más complicado y apasionante en este año 2020, este “año COVID” sin precedentes en la historia reciente de la humanidad. Un año difícil, sin duda, pero en absoluto un año sin futuro. Un futuro que está en manos de una juventud rural con ideas e ideales, pero también con los pies sobre la tierra. Esta misma tierra que nos alimenta a todos.

Haga clic aquí para más información sobre el Premio a la Innovación Juvenil Rural del FIDA.